La magia del 7 de diciembre se vivió en el condado de Queens

Hansel Mera | New York Hispano | Colaborador
Nueva York
El 7 de diciembre de 2025, los neoyorquinos de origen colombiano aguardaron a la noche para iluminar un camino imaginario mediante velas y faroles que anuncian el arribo de la Navidad, una práctica que los vincula con el pasado y el presente de su historia e identidad. Muchos aprovechan esas ocasiones para agasajar a sus allegados desde casa, pero otros se toman las calles y pequeños comercios para anunciar la Navidad en una Nueva York que no deja de ofrecerles posibilidades.

En lugares como el Consulado de Colombia en Nueva York, en Corona (Queens), la comunidad se reunió en el Centro Cultural La Guardia en Queens o en el homónimo Community College en Long Island. Allí resonaron ritmos como la salsa y el reguetón, pero ante todo el vallenato y la música de parrando o popular. Fue la ocasión perfecta para que los dulces, platos decembrinos y licores se ofrecieran por doquier: buñuelos, natilla, tamales, empanadas, hojaldras, perniles de cerdo, aguardiente y un largo etcétera.
En el caso de la comunidad que decidió celebrar estas fiestas en algunos de los pulmones culturales de Queens, fue común ver en horas de la tarde a cientos de familias colombianas caminando a lo largo de Roosevelt Avenue u otras avenidas cercanas para dirigirse a calles cerradas por la NYPD para la fiesta.
Así, por ejemplo, en las inmediaciones de La Tamalería Colombiana (32-23 Junction Blvd), los ríos de colombianos con sus velas y faroles iluminaron la noche neoyorquina. Se trata de una iniciativa desarrollada desde hace cuatro años, liderada por Alejandro Martín y que contó con el apoyo de la firma de abogados Cantazo, quienes lograron aglutinar al público colombiano buena parte de la noche en sus alrededores, para que pequeños comerciantes ofrecieran productos típicos colombianos.

Pedro Rodríguez, padre de familia colombiano radicado hace 14 años en la ciudad, nos cuenta: Nosotros estamos acá para poder prender las velas en familia, con mis hijas, y para que aprendan y no se olviden de quiénes somos. Mi papá ya no está con nosotros, pero nos acompañó los últimos tres años a prender las velas acá, en el andén, en esos muros o más pa’ allá. Siempre llamamos a más gente del trabajo, de los restaurantes, y terminamos acá, con las velas entre el frío. Pero bueno, siempre venimos porque es nuestra fiesta y nuestro día. No es fácil que se organice todo esto, que seamos tantos acá y podamos año tras año volvernos a ver, pues antes nos tocaba mejor irnos para Elizabeth, en New Jersey (…) ahora estaremos acá, escuchando y buscando qué más hacer o ver.
Los cantautores colombianos siempre son los invitados más especiales de esos eventos. La fiesta siempre está acompasada por el legado musical en las voces de Diomedes Díaz, Jorge Oñate, Silvestre Dangond, Martín Elías, Peter Manjarrés, Darío Gómez, Jessi Uribe, Yeison Jiménez, Luis Alberto Posada, El Charrito Negro y Jhonny Rivera. Pero, ya que de presentaciones en vivo se trata, la noche estuvo acompañada por la trova y el parrandón vallenato a cargo de El Orejón y Los Clásicos de la Parranda. A propósito, escuchemos a sus principales integrantes:
Mi nombre es Gustavo Rúa, ‘El Orejón’, rey nacional de la trova, dos veces Orquídea de Oro en la Feria de las Flores y rey de la trova de la Feria de Manizales. Llevo alrededor de 15 años en el parque Panaca, en Quindío (…) Estamos aquí porque tengo una canción con Jhonny Rivera que se llama ‘Ser colombiano es un lujo’, con la cual me han condecorado en Estocolmo. Hemos girado en Europa, Estados Unidos y por otros países. Además tengo una producción que se llama Los Clásicos de la Parranda, donde hay una canción de autoría del maestro que se llama El Farol Borracho: ‘Para el 7 de diciembre / el día de los alumbrados / más prendido que un pesebre / a mi casa iré rascado (…)’. Esta noche especial vamos a estrenar una canción que se llama El Pacopecuario.”
Enseguida, las palabras del músico, empresario, propietario de la marca @apolos_company:
Soy Neyber, acordeón. Llevo 20 años como acordeonista de Jhonny Rivera desde que empezó, pero seguimos con metas y ahora me encuentro con este gran artista, ‘El Orejón’, que es mi hermanazo, viviendo el sueño aquí en un Día de las Velitas. Y no es fácil desarrollar un evento como este aquí, en Nueva York, en Queens, en esta cuarta versión de un Día de las Velitas en la capital del mundo, y vea: a esto no le cabe ni un arroz parado.

Aunque hoy la celebración del 7 de diciembre se reconoce por el brillo de las velas, su origen combina la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción con antiguas prácticas campesinas que usaban la luz como protección y como homenaje a los ausentes. En Queens, estas tradiciones son como un puente entre generaciones y un recordatorio de pertenencia para la diáspora colombiana. Así, la noche de las velitas no solo ilumina Nueva York, sino también la identidad que los migrantes siguen construyendo lejos de casa.



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