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Monday, April 20, 2026
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Fiesta de Quito en el Consulado Ecuatoriano 

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Celebran en Manhattan los 481 Años de la fundación de la capital del país sudamericano 

Hansel Mera | New York Hispano | Colaborador 

Nueva York 

El jueves 4 de diciembre del convulso 2025 se llevó a cabo en el Consulado Ecuatoriano de Manhattan la Fiesta de San Francisco de Quito, esta vez en homenaje a los 481 años de su fundación por Sebastián de Belálcazar. Por una parte, hablamos de una efeméride que muchos situarán en el terreno de las invenciones historiográficas, con la cual, en distintos momentos, se busca dotar de sentido a varios proyectos políticos, apelando a una identidad construida sobre un hilo que se extiende en el tiempo y sobre el que vuelven los martirologios, los himnos y la historicidad de distintas expresiones del espacio urbano. Por otra parte, están quienes ven en ello un simple apéndice más del colonialismo a desterrar, mientras ondean las nuevas banderas de la leyenda negra antiespañola. 

En todo caso, visitamos el teatro de los acontecimientos. Las palabras de bienvenida de unidad de la cónsul Gisela Alejandra Andrade Valens se dirigieron no solo hacia el público que colmó los salones de la sede, sino también a los cerca de 200.000 neoyorquinos nacidos en Ecuador o de origen ecuatoriano, según estimaciones válidas para 2025, que, al menos en el marco de los cinco condados de la ciudad, habitan mayoritariamente Queens (Elmhurst, Corona, Jackson Heights) y Brooklyn (Bushwick, Sunset Park). Enseguida, la pintura, la música, la danza y la gastronomía ecuatoriana se fueron sucediendo. 

La cónsul general de Ecuador en Nueva York,  Gisela Alejandra Andrade Valens 

La exposición Improntas del Agua, a cargo de la artista quiteña Alexandra Trujillo Tamayo, enmarcó espacial y estéticamente la fiesta. Paso a paso, los invitados célebres de la noche subieron al escenario; la interpretación de pasillos estuvo a cargo de Jimena Ibarra y Alex Bautista, célebres embajadores culturales de esa expresión musical que, en 2023, fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial del Ecuador.  

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“Orgullosamente quiteño, me siento muy honrado de cantarle a la ciudad cuando vienen las fiestas. Vengo de una familia de músicos; mi padre fue segundo. Creé muchas cumbias, como la cumbia chonera, y El collar de lágrimas, que son mis canciones ícono. He seguido acá su carrera, pero en el teatro musical…”, dijo Bautista, radicado en Nueva York desde hace más de 30 años. 

Por su parte el joven cantante colombiano de música popular Felipe Matallana, dijo: “Crecí escuchando música de Julio Jaramillo, de Neol Morales (…) de Segundo Rosero, entonces tengo el oído acostumbrado y siempre es un gusto interpretarla (…) Feliz de celebrar la cultura ecuatoriana de Quito, ‘la Carita de América’. 

Cónsul Gisela Alejandra Andrade Valens y  el cantante Felipe Matallana

Las palabras de Matallana nos recuerdan los puentes culturales que aún unen a Ecuador y Colombia, especialmente en el sur de este último y en ciudades como Cali, donde, desde las primeras décadas del siglo XX, se asentó una colonia ecuatoriana en el barrio Guayaquil. Estos lazos culturales fueron, a su vez, consecuencia del despliegue de las industrias culturales, como el comercio de rollos musicales para pianola producidos en Guayaquil y Quito, o, ya a mediados de siglo, las giras y la difusión en emisoras y victrolas de la música de artistas emblemáticos como Julio Jaramillo, Carlota Jaramillo, Olimpo Cárdenas y Arturo Barrera, entre otros. 

Y, como era de esperarse, los repertorios de danza andina de jóvenes exponentes y la presencia de la banda ecuatoriana Jersey Band animaron a todos los comensales, incluyendo a quienes no apartaban sus ojos del concurso de Cuarenta, el popular juego de naipes ecuatorianos, o de la carne de cerdo frita, ablandados, canelazos, buñuelos con melado y demás muestras de la gastronomía ecuatoriana. 

La Fiesta de San Francisco de Quito no solo celebró un hito histórico, sino que reafirmó la vitalidad de la cultura ecuatoriana en Nueva York. Los asistentes pudieron reconectar con sus raíces, fortalecer los lazos comunitarios y transmitir el orgullo de su identidad. Este encuentro demuestra que, más allá de la distancia geográfica, la memoria, las tradiciones y la creatividad de Quito y del Ecuador siguen vivas y presentes, recordándonos que las fiestas populares son mucho más que celebraciones: son puentes culturales que unen a las comunidades y fortalecen la identidad colectiva. Y decir ello sobre ciudades que, como Quito, marchan hacia su medio milenio de existencia, no es un asunto menor.  

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