Sofía y Nathaly viven realidades diferentes, pero ambas enfrentan la misma pregunta: qué ocurrirá con su futuro migratorio

Ariana Almeida-Martínez | Westchester Hispano | Colaboradora
Foto 1: Sofía revisa constantemente las actualizaciones y orientaciones migratorias para intentar comprender cómo podrían afectar su proceso de ajuste de estatus y el futuro de su familia en Estados Unidos. (Ariana Almeida-Martínez)
El camino de Sofía para alcanzar la residencia permanente en Estados Unidos se ha llenado de obstáculos. Hoy, las nuevas orientaciones emitidas por USCIS sobre el ajuste de estatus le generan ansiedad. Hace dos años, ella y su esposo abandonaron España después de perder el negocio familiar y vender su casa. Junto a sus tres hijos, decidieron comenzar una nueva vida en este país con el que la familia mantenía un vínculo desde hacía años debido a que el padre es residente permanente.
Ahora, sin embargo, la incertidumbre migratoria —tras la publicación del memorando PM-602-0199— pesa sobre cada decisión en el hogar de Sofía.
“Nosotros no tenemos adónde volver”, afirma la mujer, quien optó por un nombre protegido para la entrevista con Westchester Hispano por temor a exponer públicamente su situación migratoria.
“Yo no me preocupé de solucionar nuestros estatus en ese entonces porque no lo vi como una prioridad. Ahora la situación es diferente con la administración actual y las políticas migratorias que se han endurecido”, explica.
Cuando la familia llegó al país, se radicó en Croton-on-Hudson, en el condado de Westchester. Sofía detalla que la adaptación fue relativamente sencilla. “Durante el primer año que vivimos aquí todo fue muy tranquilo. No tuvimos ninguna clase de complicación al matricular a nuestros niños en el sistema escolar o en tener acceso a medicina o cualquier cosa que necesitáramos. Ahora nos da miedo hacer cualquier trámite”, relata.
El futuro para ella se torna incierto y cada noticia relacionada con cambios o directrices en materia migratoria le genera “terror”. Pero ella no es la única que se enfrenta a ese temor. La publicación del memorando por parte de USCIS generó nerviosismo entre familias inmigrantes que se encuentran tramitando beneficios migratorios o que planeaban hacerlo en el futuro.
El documento recuerda que el ajuste de estatus es “un asunto de discreción y gracia administrativa” y que “no fue diseñado para reemplazar el procesamiento consular regular de visas de inmigrante”.
Asimismo, señala que el ajuste de estatus constituye una forma “extraordinaria” de alivio migratorio y advierte que “no todo extranjero que cumpla con los demás criterios de elegibilidad para el ajuste de estatus lo recibirá”.
Para muchos, el lenguaje del memorando puede parecer solo un conjunto de tecnicismos. Para Sofía, en cambio, ha adquirido un significado más concreto al pensar en el futuro de sus hijos y en los procesos que aún permanecen pendientes en su hogar. Hoy, las dudas la asaltan: ¿ella y sus hijos deberán salir del país mientras continúan con los procesos migratorios? ¿La familia tendrá que separarse? ¿Qué pasaría si su ajuste de estatus no se resuelve favorablemente?
La posibilidad de que más personas tengan que recurrir al procesamiento consular, es decir, completar parte de sus trámites fuera de Estados Unidos, también ha provocado preocupación entre abogados, organizaciones de apoyo a inmigrantes y solicitantes de residencia.
Una decisión discrecional
La abogada Bertha M. Rodríguez, directora legal del Community Resource Center, explicó que, aunque el ajuste de estatus siempre ha sido discrecional bajo la ley, el memorando emitido por USCIS, el pasado 21 de mayo, instruye a los oficiales a evaluar, “bajo la totalidad de las circunstancias”, si un solicitante debió haber tramitado una visa de inmigrante en el extranjero mediante procesamiento consular en lugar de solicitar la residencia desde dentro de Estados Unidos.
Rodríguez aclaró que la política “no ordena a los oficiales negar solicitudes de manera categórica” y que tampoco aplica a todos los procesos migratorios.
En el caso de Sofía, la inquietud se concentra especialmente en sus hijos. “Mis niños no tienen ningún proceso encaminado. Están en el aire”, cuenta.
Esa incertidumbre es una de las preocupaciones que con más frecuencia están escuchando organizaciones comunitarias que brindan orientación migratoria. “Las personas que han vivido, trabajado y criado a sus familias aquí durante años están ansiosas por saber si un proceso que comenzaron de buena fe ahora podría ser tratado de manera diferente”, señala Rodríguez.
La abogada agregó que también existe preocupación entre las familias con respecto a la posibilidad de una separación si un caso no se desarrolla como esperan.
Otros grupos, otras historias
Aunque cada caso migratorio es distinto y requiere evaluación individual, abogados y analistas han señalado que la discusión generada por el memorando también ha despertado inquietudes entre trabajadores con visas temporales; estudiantes internacionales que buscan eventualmente obtener residencia; familias con miembros que poseen distintos estatus migratorios; y solicitantes de residencia por razones familiares o laborales.

Nathaly, por ejemplo, ve con pesar la incertidumbre que conllevan los procesos migratorios. La joven colombiana llegó a Estados Unidos a través de un programa de intercambio au pair con la intención de perfeccionar su inglés y conocer la cultura del país. En aquel momento, asegura, no estaban en sus planes construir un proyecto de vida lejos de casa.
“Mi idea era venir, aprender el idioma, conocer cómo era la vida aquí y luego decidir qué quería hacer con mi futuro”, explica.
Sin embargo, con el paso del tiempo, surgió la oportunidad de cursar estudios universitarios en el país. Actualmente se encuentra realizando trámites relacionados con su admisión y con los procesos migratorios que le permitirían acceder a una carrera en Nueva York.
“Siempre vi la universidad aquí como algo muy lejano. Ahora que tengo la opción, me emociona muchísimo”, cuenta.
Pero la publicación del memorando también despertó en ella nuevas inquietudes. “Me preocupa que tenga que terminar parte de estos procesos desde Colombia. Sería como retroceder en muchas cosas otra vez y podría representar más tiempo, más gastos y más miedos y siempre está la duda si podré o no volver acá… Todo puede pasar”, afirma.
Nathaly también teme que retrasos o complicaciones migratorias puedan afectar el apoyo que ha recibido hasta ahora. “La familia que me está ayudando con el patrocinio ha tenido muy buena voluntad, pero tengo miedo de que si los procesos se vuelven más largos o complicados, ellos me retiren su apoyo”, señala.
Para ella, la incertidumbre no solo se limita al proceso migratorio que está en trámite. “Cualquier demora tiene un impacto emocional y económico. Uno empieza a hacer planes, a proyectarse y de repente siente que no sabe qué va a pasar.”
Ante esto, cabe la aclaración de los análisis jurídicos publicados tras la emisión del memorando que explican que la ley migratoria “no cambió formalmente”, pero sí la manera en que USCIS instruyó a sus oficiales para evaluar solicitudes de ajuste de estatus. El documento recuerda que “el ajuste de estatus es una decisión que depende de la discreción del oficial”, y cita precedentes legales según los cuales “el ajuste de estatus es una cuestión de gracia, no de derecho”.
Por otro lado, Rodríguez advierte sobre otro tema que se le consulta regularmente: abandonar el país para continuar un proceso migratorio desde el exterior es una decisión que no debe tomarse sin asesoría legal individualizada. “Salir de Estados Unidos puede acarrear consecuencias graves”, explica.
Dependiendo de la historia migratoria de una persona, la salida del país podría activar prohibiciones de reingreso de tres años, diez años o incluso más tiempo. Además, una vez que el solicitante se encuentra fuera de territorio norteamericano, una decisión consular puede resultar mucho más difícil de impugnar.
Frente a la incertidumbre, el Community Resource Center recomienda que las personas no tomen decisiones precipitadas basadas en el miedo o en información de segunda mano. La organización aconseja buscar orientación de un abogado de inmigración calificado o de un representante acreditado.
En ese contexto, la abogada también subraya que, aunque el análisis de elegibilidad puede volverse más amplio bajo la nueva orientación, no implica automáticamente que los casos sean rechazados, sino que quedan sujetos a una evaluación más individualizada.
Una espera que duele
Las preguntas que hoy se hacen Sofía y Nathaly se producen en un contexto en el que más de 710,000 personas esperan una decisión sobre sus solicitudes de ajuste de estatus, según datos de USCIS recopilados por la organización Open Immigration.
Aunque sus circunstancias son distintas —una intenta proteger la estabilidad de la vida que construyó junto a sus hijos y la otra aspira a continuar un proyecto universitario que apenas comienza— ambas forman parte de una población que observa con atención cualquier cambio en las políticas y directrices migratorias que puedan afectar el curso de sus procesos.
En medio de este escenario, para muchas personas no queda más alternativa que seguir esperando, en silencio, con temor a lo desconocido: a esas decisiones que aún no llegan, a procesos que siguen abiertos y a futuros que dependen de una resolución que simplemente está fuera de sus manos.











