El artista dominicano habla de identidad, memoria, estereotipos y su ascenso en la escena internacional, con Art Basel Miami en el horizonte

Flor Almonte | New York Hispano | Colaboradora
Nacido en Tenares, República Dominicana, y radicado en Nueva Jersey, Bony Ramírez se ha convertido en una de las voces locales más distintivas del arte contemporáneo. Su obra reúne el estilo caribeño y las influencias europeas, con una mezcla de imaginación, símbolos y reflexiones sobre la sociedad. Reconocido por Forbes 30 Under 30 y con exposiciones en importantes museos de Estados Unidos y del extranjero, Ramírez sigue ampliando la visibilidad de las narrativas dominicanas y caribeñas en la escena artística global.
En esta entrevista, Bony comparte cómo su arte refleja tanto su herencia cultural como su visión de artista contemporáneo.
FA: Muchos artistas latinos combinan tradiciones de sus países de origen con su vida en EEUU. ¿Cómo aparece esa dualidad en tu obra?
BR: Creo que esa dualidad aparece de manera muy natural en mi trabajo. Llegué a Estados Unidos a los 13 años, pero mi obra siempre ha estado muy conectada con República Dominicana y con el Caribe en general: sus tradiciones, su historia, su cultura. Al mismo tiempo, también incorporo mi experiencia de vida aquí en Estados Unidos, especialmente desde la perspectiva del inmigrante caribeño y latinoamericano. Me interesa mucho explorar ese proceso de adaptación: aprender un nuevo idioma,
enfrentarse a distintos obstáculos, y lo que implica asimilarse en una cultura distinta sin
perder la raíz de donde uno viene. En ese cruce entre mi país de origen y mi vida en
Estados Unidos, es donde encuentro y expreso esa dualidad en mi obra.
FA: Sueles usar el color y la textura de una manera muy emocional. ¿Cómo te ayudan estos elementos a expresar identidad y memoria?
BR: Creo que en nuestra cultura caribeña y dominicana el color siempre ha sido fundamental. Somos un país muy expresivo y los colores han sido parte de cómo comunicamos nuestros sentimientos y nuestra vitalidad. En mi obra eso se refleja de manera muy directa: uso mucho el azul, el rosado, el amarillo y el rojo, que además de transmitir esa energía también son colores muy presentes en la arquitectura dominicana. Me interesa que al verlos se sienta lo vibrante de nuestra cultura.
Las texturas también juegan un papel importante, sobre todo en mis esculturas. Trato de imitar las superficies y los acabados de las casas dominicanas de los años 90 y 2000, que muchas veces se construían con lo que había a mano, resultando en formas y patrones irregulares muy característicos. Para mí, trabajar con esos colores y texturas es una manera de mantener viva mi identidad y de llevar siempre un pedacito de República Dominicana dentro de mi obra.
FA: ¿Cómo esperas que tu obra desafíe estereotipos o amplíe la forma en que la gente percibe la cultura latina?
BR: Mi obra desafía esos estereotipos mostrando que la experiencia caribeña y latinoamericana es mucho más compleja de lo que suele representarse. Muchas veces, cuando se piensa en la República Dominicana o en el Caribe, lo primero que viene a la mente son las playas, los resorts, la imagen turística que vemos en internet. Yo trato de ir más allá de eso. En mi trabajo busco enseñar otras facetas de nuestra cultura: desde el carnaval hasta distintos aspectos de nuestra historia, todo lo que conforma quiénes somos realmente.
También incorporo mi propia experiencia como inmigrante, hablando de cosas cotidianas que forman parte de nuestra identidad, como la manera en que hablamos, los dialectos, o incluso nuestra energía y forma de expresarnos. A través de un lenguaje visual que a veces se acerca a lo surreal, intento que el público vea otra perspectiva y entienda que ser dominicano, caribeño o latinoamericano no se puede reducir a un solo estereotipo, sino que es algo mucho más rico y diverso.

FA: ¿Qué emociones o ideas deseas que las personas sientan al experimentar tu trabajo?
BR: Me interesa explorar sentimientos intensos: tristeza profunda, enojo fuerte, alegría, miedo… siempre trato de que el público sienta de manera cercana lo que mis figuras están experimentando. Por eso nunca censuro lo histórico ni lo emocional; quiero que quienes observan mis obras puedan ver y sentir tanto las experiencias buenas como las difíciles que han marcado la historia del Caribe y de la República Dominicana.
Mis figuras rara vez sonríen; incluso cuando hay momentos más felices, siempre busco
expresiones más intensas, más realistas, que reflejen emociones profundas como el
amor, el miedo o la alegría, pero con autenticidad. Quiero que el público se sienta incluido en esa historia, que se reconozca y se identifique, que sienta que alguien está hablando su lenguaje dentro del mundo del arte. Por eso es tan importante para mí mostrar distintas facetas del Caribe, de la cultura latina y dominicana: para que la gente se vea reflejada y se sienta representada en mi trabajo.
FA: Has expuesto en importantes instituciones y fuiste incluido en Forbes 30 Under 30. ¿Qué significan para ti estos logros?
BR: Me siento realmente orgulloso de lo que he conseguido, pero más allá de lo personal, creo que tienen un significado más amplio. No solo para mí, sino para otros artistas que, como yo, buscan amplificar el arte
dominicano, caribeño y latinoamericano. Estos reconocimientos ayudan a poner nuestra cultura en un lugar más visible, algo que históricamente no siempre ha sucedido en el mundo del arte. Lo que más me llena es saber que nuestras voces están siendo escuchadas y que nuestra cultura está recibiendo el respeto y la atención que merece. Muchos de estos logros son hitos que, en muchos casos, ocurren por primera vez para un artista dominicano o caribeño. Espero que estos logros abran puertas para futuras generaciones, mostrando que es posible alcanzar estas metas, incluso cuando no hay tantos ejemplos a seguir. Específicamente, recibir Forbes 30 Under 30 significa mucho porque puede inspirar a la juventud latina y caribeña a sentirse representada y a creer que los obstáculos que enfrentamos se pueden superar.

FA: ¿Qué significa para ti ser un artista latino en el mundo del arte contemporáneo actual?
BR: Ser un artista latino en el mundo del arte contemporáneo actual es una experiencia muy interesante. Mientras más he interactuado en este mundo, más he notado la falta de voces que se parezcan a la mía, y al principio puede ser difícil encontrar un espacio donde uno realmente se sienta integrado. Con el tiempo, uno se da cuenta de que muchas veces tiene que crear sus propios espacios. Desafortunadamente, todavía no existe un soporte amplio para el arte latinoamericano comparable al que otras comunidades han tenido, aunque poco a poco eso está cambiando. En los últimos tres años, por ejemplo, hemos visto más visibilidad: más artistas latinoamericanos en galerías, más museos exhibiendo nuestro trabajo. Aun así, queda mucho camino por recorrer, pero estos avances recientes me hacen sentir optimista sobre el futuro del arte latino en el ámbito contemporáneo.
FA: ¿Cómo te mantienes conectado con tu comunidad mientras navegas la escena artística internacional?
BR: Siempre trato de que un pedazo de mi cultura esté presente en cada proyecto. Aunque he expuesto en lugares como China, Corea o Canadá, donde la cultura latina o caribeña no siempre es conocida, mantenerla como núcleo de mi trabajo me permite compartirla con diferentes públicos y, al mismo tiempo, seguir conectado con mis raíces. Es una manera de mantener mi identidad y mi cultura siempre presentes, sin importar dónde esté mostrando mi trabajo.
FA: Vivir en Nueva Jersey —un lugar con una fuerte presencia latina—, ¿ha influido en tu trayectoria artística?
BR: Vivir en Nueva Jersey ha sido definitivamente una gran influencia en mi trayectoria
artística. Cuando llegué a Estados Unidos, vivía en Perth Amboy, que tiene una
comunidad latina muy grande. La adaptación no fue tan difícil, porque muchos de
nosotros éramos recién llegados y compartíamos experiencias similares, lo que hizo que me sintiera menos fuera de lugar. Además, Nueva Jersey me permitió conectarme con otras culturas caribeñas que no conocía tanto en mis países de origen, como las
comunidades jamaiquinas, de Trinidad, puertorriqueña o cubana. He aprendido mucho de estas culturas y también he podido ver las similitudes que compartimos entre las islas. Creo que esta diversidad y la proximidad a tantas culturas del Caribe y Latinoamérica han sido únicas para fortalecer mi relación con nuestra herencia cultural, incluso estando lejos de nuestros países de origen.
FA: ¿En qué nuevas ideas o proyectos estás trabajando actualmente?
BR: Estoy preparando obras para la feria Art Basel Miami, donde participaré en una muestra en grupo con la galería Bradley Ertaskiran. Es un evento muy importante en Miami, y en este momento me estoy enfocando en esa presentación. Además, tengo proyectos planeados para Los Ángeles, Nueva York y otros trabajos para el próximo año, por los cuales estoy muy emocionado.
FA: ¿Dónde puede el público ver tu obra expuesta y seguirte en las redes sociales?
BR: En el Boston Museum of Fine Arts, una de mis piezas forma parte de la colección permanente y también está incluida en un show actual. En el Ogunquit Museum of American Art, en Maine, mi obra se presenta como parte de una exposición titulada “Where the Real Lies”. Y en el Newark Museum of Art, una de mis piezas forma parte de la colección permanente y también está expuesta. Además, voy a participar en varias ferias de arte próximamente, así que habrá más oportunidades de ver mi trabajo en persona.
En Instagram @bonyramirezz. Allí comparto todas las actualizaciones de mi carrera y me gusta mantenerme conectado con la comunidad y con quienes se interesan por mi trabajo.www.bonyramirez.com Bony Ramirez Studio studio@bonyramirez.com

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