El proyecto Art of the Game instaló 23 esculturas en forma de balón, de artistas de talla internacional, en los cinco condados de Nueva York y el norte de New Jersey

Vladimir Andrés Pedroza | New Jersey Hispano | Colaborador
Jersey City, New jersey
Una iniciativa oficial de arte público, vinculada al Mundial FIFA 2026 en Nueva York y Nueva Jersey, viste las principales plazas turísticas del área metropolitana y se vincula a la fiebre del balón.
Se trata de Art of the Game proyecto que instaló 23 esculturas monumentales en forma de balón de fútbol, intervenidas por artistas contemporáneos de reconocimiento internacional, distribuidas en los cinco condados de Nueva York y el norte de Nueva Jersey.
El proyecto fue uno de los últimos impulsados por la reconocida filántropa Agnes Gund antes de su fallecimiento y pretende convertir la región de Nueva York y Nueva Jersey en una especie de museo al aire libre durante el Mundial.
La macro exposición es financiada por la organización artística ARTS 14C en colaboración con el comité anfitrión del Mundial 2026 de Nueva York–Nueva Jersey y en ella participan importantes escultores del arte contemporáneo radicados en la ciudad, como: Bony Ramírez, Katherine Bernhardt, Hank Willis Thomas, Futura 2000, Eddie Martínez y Tomokazu Matsuyama.
Los artistas fueron nominados por líderes de instituciones como El Museo del Barrio, Museum of Modern Art, Metropolitan Museum of Art, Whitney Museum of American Art y otras entidades culturales de primer nivel.
Bony Ramírez, la cara latinoamericana
Aunque las 23 esculturas están regadas a lo largo y ancho del área metropolitana, la obra de Bony Ramírez se emplazó en un lugar envidiable: el estadio MetLife de East Rutherford, donde se jugará la gran final.
Su obra hace parte de las piezas que posteriormente serán subastadas y con ella dignifica la unión de los pueblos alrededor de un balón y el clamor por el derribe de las fronteras que establecen los idiomas en el mundo.
“Al final del día no es tan difícil empujar todos hacia un gol en común”, afirma Bony Ramírez, quien cree firmemente que el arte es un puente para que las comunidades latinas logren tener más visualización en los entornos artísticos más encopetados del mundo, como por ejemplo la ciudad de Nueva York.
“Nací en República Dominicana y siempre he sido creativo es algo que está dentro de mí. Desde que estaba en secundaria los profes de arte me decían que tenía talento para hacer cosas diferentes. Siempre pintaba, aunque mi primer trabajo fue en construcción porque nunca estuve rodeado de un mundo artístico donde pudiera desarrollar lo que sabía”, Cuenta Ramírez.
“Yo quería conceptualizar la obra con lo que nos pidieron del mundial, que fuera un balón que representara la unión, el deporte… pero también quería que fuera algo único, que se viera mi estilo, que incluyera comunicación, aunque después de todo se siguiera pareciendo a un balón”, agrega.

El fútbol como instrumento
La exposición maneja la misma estructura para todos los artistas. El esqueleto es un balón, pero cada uno incluye sus elementos, sus materiales, sus colores, sus complejidades y su mensaje.
Bony Ramírez eligió el rojo, eligió a los niños, eligió a la comunicación.
“Nos dieron la libertad de hacer lo que quisiéramos, Nos entregaron el esqueleto de la bola, pero creo que cuando se hace arte público es muy importante pensar en el público y para mí fue trascendental incluir esa parte de la comunicación, dejar ver la unión que establece el mundial entre el deporte y los países”, aclara.
Su técnica deja pistas de los procesos humanos de interacción al tiempo que recala su región, como tratando de dignificar el concepto artístico de las personas del caribe y la alegría que este aporta al arte contemporáneo cuando se habla de colores, texturas o diversificación de materiales.
“Quería darle sentido, entonces manejé una parte roja donde incluí 5 niños que representan la cultura dominicana, agregué caracoles y figuras que representan una llamada, un medio de comunicación. Así que, si uno camina alrededor de la pelota puede apreciarlo e incluí una flor que abunda en el caribe que, aunque mi país no clasificó al mundial (Republica Dominicana) sí fueron otros de la región que muestran que al final somo uno como Curazao, Panamá y Haití, es decir el caribe”.
El arte es un puente comunicativo
Como todo inmigrante, Bony Ramírez comenzó un proceso de adaptación a su entorno y para ello debió saber comunicar su idea artística en un mercado tan agresivo como rico en oportunidades.
“En lo personal la obra representa algo de mí, habla un poco de la historia de como aprende el inmigrante a comunicarse para integrarse a la vida de este país, el aprender inglés para poder vincularse y mostrar que uno pertenece. La obra muestra como todos estos países que hablan diferentes idiomas se logran comunicar por intermedio de fútbol”, cuenta.
Para Ramírez los latinos, en específico, raramente se ven reflejados en el mundo del arte en los Estados Unidos. Con este proyecto espera que se sienta algo de la cultura hispanoamericana, de la raza, y que se tome más en serio la parte artística de la región.
“Me gustaría que todo el extranjero que viene al mundial y vea mi obra entienda que si en algo tan básico como el fútbol todos nos podemos comunicar entonces entiendan que también en muchos otros aspectos de la vida también podemos estar en la misma página, aunque no se hable en el mismo idioma”, afirma.
“Cuando me invitó el Museo del Barrio a esta exposición me sentí honrado. ¡Invitaron a varios artistas de diferentes partes del mundo… y a un latino! Ves, al final, no es tan difícil empujar todos hacia el mismo gol.






