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DACA y la incertidumbre de los “Dreamers”: retrasos, trabajo y renovaciones en medio de demoras migratorias

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Rogelio Zavala, beneficiario de DACA, observa con preocupación el contexto actual del programa y los tiempos de espera en los procesos migratorios. (Foto: Ariana Almeida-Martínez)

Ariana Almeida-Martínez / Westchester Hispano | Colaboradora

Nueva York

Rogelio Zavala todavía no tiene que renovar su permiso de DACA. Pero ya está preocupado. A sus 31 años, el inmigrante observa con inquietud cómo cada vez más beneficiarios del programa enfrentan meses de espera para renovar los permisos que les permiten trabajar legalmente y mantenerse protegidos de la deportación.

Zavala tenía apenas cuatro años y medio cuando sus padres lo trajeron a Estados Unidos. No recuerda el viaje. No recuerda la frontera. No recuerda México. Sin embargo, lo que sí recuerda es un anuncio presidencial transmitido por televisión. Luego, una sensación de que, por primera vez, alguien estaba hablando de los niños migrantes.

Era 2012. El entonces presidente Barack Obama hacía público el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés). Una medida que permitiría a cientos de miles de jóvenes inmigrantes “salir de las sombras”. Para muchos fue un alivio. Para otros, también fue un acto de fe. Aceptar DACA significaba mostrarse. Decirle al gobierno algo que durante años se había mantenido en silencio. “Se iban a tener que visibilizar, iban a decir: ‘Estamos aquí, somos inmigrantes en este país'”, recuerda Zavala. “Y mucha gente tenía miedo”.

-Aviso-

Detrás de aquella decisión estaban también los padres, aquellos que habían cruzado fronteras buscando algo mejor para sus hijos y que —una vez más— estaban dispuestos a correr el riesgo por sus familias.

“Siempre voy a estar agradecido con mis padres”, dice Zavala. “Querían darnos una vida mejor, querían darnos cosas que ellos no tuvieron”.

Su vida entera está en Estados Unidos, país en el que trabaja, paga impuestos y tiene una familia. “Yo no conozco México”, afirma. “Toda mi vida he crecido aquí. Para mí, mi casa, mi lugar, es Estados Unidos”.

Hoy, después de catorce años de la creación de DACA, la estabilidad que parecía haber llegado para Zavala y para más de 505,900 jóvenes como él vuelve a sentirse frágil.

Los soñadores que crecieron 

Con frecuencia se habla de los beneficiarios de DACA como los Dreamers, los soñadores.

Zavala está de acuerdo con el término, aunque cree que la historia es más compleja.

“Yo creo que de alguna manera es un buen nombre”, reflexiona. “Porque nosotros estamos siguiendo los sueños de nuestros padres para brindar ahora a nuestros hijos una mejor vida”.

La palabra Dreamer evoca a jóvenes estudiantes. Muchos de ellos ya son adultos. Son profesionales. Trabajadores. Padres y madres de familia. Personas que llevan años aportando a la economía estadounidense.

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“Muchos tienen el concepto de que los inmigrantes estamos aquí para vivir gratis o recibir beneficios del gobierno”, dice Zavala. “Muchas veces ni calificamos para recibir beneficios. Somos inmigrantes que trabajamos, pagamos impuestos y no recibimos nada al final del año”, explica. “Aun así, yo me aseguro de hacer todo correctamente…”.

Procesos que se mueven lento 

DACA es un programa que protege de la deportación a los ‘Dreamers’, jóvenes que llegaron a los Estados Unidos cuando eran niños y crecieron en el país. (Referencial)

La abogada Robin Bikkal, experta en inmigración, asegura que la realidad de los DREAMers (Development, Relief, and Education for Alien Minors) se ha vuelto inestable y que, por el momento, no tienen otra opción más que “aguantar”.

“Muchos de los beneficiarios ahora ya son profesionales. Están trabajando en posiciones donde requieren un permiso de trabajo válido”, dijo Bikkal.

Y justamente eso vuelve más grave los retrasos que actualmente enfrentan. Durante años, renovar DACA era un proceso relativamente predecible. Ya no lo es.

Lo más desconcertante para quienes dependen de DACA es que —en teoría— nada ha cambiado. No existe una nueva ley. No se aprobó una reforma migratoria. No se han modificado los requisitos para renovar el programa. “Legalmente no ha habido cambios”, enfatiza Bikkal.

Sin embargo, los retrasos están ahí. Las solicitudes se acumulan. Los permisos tardan más en llegar. Y la incertidumbre crece.

“Lo que he visto y lo que el gobierno ha dicho explícitamente es que no se atienen a un período para procesar esas aplicaciones”, señala. “Las están dejando esperar más tiempo”.

La diferencia puede parecer administrativa. Sin embargo, detrás de ella hay consecuencias reales para cientos de miles de personas.

“No es que estén negando las renovaciones”, continúa la abogada. “Solo que están tardando más. Seis meses, ocho meses, nueve meses y aún no reciben nada”.

Para Bikkal, el problema no puede entenderse únicamente como un tema burocrático. La demora incluso puede sentirse como una especie de traba. “A muchos empleadores no les sirve que uno diga que ya aplicó”, explica. “No es como que los empleadores puedan decir: ‘Ah, bueno, no importa, eventualmente tendrás tu permiso de trabajo'”.

La situación se vuelve aún más compleja porque, a diferencia de otras categorías migratorias, los beneficiarios de DACA no reciben una extensión automática de su autorización laboral mientras esperan una decisión.

El reloj sigue avanzando, aunque la renovación haya sido presentada, aunque el solicitante haya cumplido todos los requisitos, aunque el caso sea perfectamente aprobable. Allí es donde Bikkal cree que se encuentra el verdadero obstáculo.

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“Es fácil hacer daño a estos aplicantes solo manteniendo los casos pendientes… Es solo meterles miedo”.

Según su interpretación, la estrategia busca aumentar la presión sobre las comunidades inmigrantes.

“Esta administración está intentando que el inmigrante o se autodeporte y causarle tanto miedo que, para no tener más problemas, se vaya del país”.

Bikkal sostiene que el mensaje es claro: no hace falta eliminar el programa, basta con convertir la espera en incertidumbre.

El impacto emocional 

Organizaciones como FWD.us también han documentado un aumento significativo en los tiempos de procesamiento de las renovaciones. Según datos publicados por la organización en mayo de 2026, mientras anteriormente muchas solicitudes se resolvían en aproximadamente un mes, los tiempos promedio de espera han aumentado a por lo menos cuatro, y algunos beneficiarios reportan demoras de seis meses o más.

Raúl, un residente de Peekskill (condado de Westchester) de 24 años, conoce bien esa realidad. Llegó a Estados Unidos cuando era niño y obtuvo DACA a los 12. Durante años lo renovó sin sobresaltos. Esta vez es diferente. Presentó su trámite hace seis meses y todavía espera una respuesta. “Antes era sencillo, todo fluía”, relata. “No me preocupaba que algo pudiera salir mal”.

Su temor aumentó después de ver lo que ocurrió con su hermano, cuyo proceso tardó cerca de un año en resolverse. Durante la espera perdió su trabajo. Las consecuencias fueron inmediatas: ingresos detenidos e incertidumbre en casa.

Para Raúl la preocupación no es solo legal, sino también emocional. Teme que la espera prolongada signifique la pérdida de su empleo. Un tema que aumenta su angustia es que hace un año estuvo involucrado en un accidente de tránsito mientras se dirigía al trabajo.

Aunque hubo responsabilidades compartidas, Raúl reflexiona sobre los efectos que ese suceso pueda tener en su futuro. “Tengo miedo de que esa sea la razón por la que se demore tanto mi caso. Esa podría ser una excusa para perder mi DACA. El problema de esperar es que también te afecta mentalmente”, comenta.

La frontera invisible de las renovaciones

El equipo legal del Community Resource Center de Mamaroneck brinda orientación a migrantes y beneficiarios de DACA sobre los procesos migratorios. (Cortesía)

En el Community Resource Center de Mamaroneck, la abogada y directora legal Bertha M. Rodríguez ha visto cómo los casos de DACA han cambiado en el último año. Para ella, el escenario se vuelve más complejo aún por una actualización de políticas, publicada en mayo, que ha comenzado a caracterizar la acción diferida como un uso “extraordinario” de la discreción procesal.

Y lo más importante: incluso cuando un solicitante cumple con los criterios establecidos desde hace años para DACA, los funcionarios pueden considerar factores discrecionales adicionales al momento de decidir si aprueban una renovación.

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La implicación, según la abogada, es significativa. “No se trata solo de cumplir los requisitos”, sugiere. “Sino de que ahora pueden entrar otros factores en la decisión”.

La directriz, añade, se aplica tanto a solicitudes pendientes como a las que se presenten en el futuro. En la práctica, dice, esto representa un cambio silencioso pero profundo. “Cumplir con los requisitos de elegibilidad y presentar la solicitud a tiempo puede ya no ser suficiente”, advierte.

Su recomendación es insistente. “Presente su renovación tan pronto como le sea posible. No espere hasta los últimos meses antes de la fecha de vencimiento”.

También recomienda guardar cada comprobante, cada recibo, cada notificación, y buscar asesoría legal antes de que la autorización expire.

La pausa de la pertenencia

Las organizaciones de defensa migratoria continúan advirtiendo que DACA sigue siendo una solución temporal. FWD.us y el National Immigration Law Center han señalado reiteradamente que la ausencia de una solución legislativa permanente mantiene a cientos de miles de personas en una situación de constante incertidumbre. Actualmente, el programa continúa permitiendo renovaciones para quienes ya estaban inscritos, pero no acepta nuevas solicitudes.

Según FWD.us, el término “Dreamers” resume una realidad estadística y política: 2,6 millones de personas que llegaron a Estados Unidos siendo niños y que han crecido dentro de sus fronteras (solo una parte está protegida por DACA). Pero detrás de esa palabra hay historias individuales marcadas por la espera, la incertidumbre y decisiones que no tomaron.

En el caso de Zavala y Raúl, el “sueño” no es una consigna ni una promesa cumplida. Es una categoría administrativa que convive con renovaciones, plazos y una protección que depende del tiempo y de la política.

Y quizá por eso, en la vida cotidiana, “DREAMers” termina siendo menos una definición y más una pausa: una forma de nombrar a quienes viven entre la idea de pertenecer y la posibilidad constante de que esa pertenencia aún no esté completamente asegurada.


Publicado el 17 de junio de 2026


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