En Westchester la participación de los padres en la vida escolar es un factor clave para el éxito académico de los estudiantes, aunque no todos logran acceder en igualdad de condiciones

Ariana Almeida-Márquez | Westchester Hispano |Colaboradora
El inglés de Marianela Yunga no era fluido, pero no la limitó para involucrarse en los asuntos escolares de su hijo. En septiembre, no le tembló la voz para defenderlo. El niño tiene cinco años y los primeros días del kindergarten no los pasó bien.
Había sido asignado a un salón dentro de una escuela primaria perteneciente al distrito escolar de Lakeland, en el condado de Westchester. Al entrar al aula a la que lo habían direccionado, la maestra le pidió que se fuera: “Get out of here” (“sal de aquí”). Según ella, él no pertenecía a esa clase. El niño, pequeño y sin comprender del todo lo que ocurría, deambuló por una escuela que no conocía. Recorrió los pasillos en busca de ayuda y, al no encontrar a nadie que lo orientara, regresó al salón asignado. Nuevamente fue rechazado.
Al llegar a casa, se lo contó a su madre. Marianela, molesta y preocupada, tomó el teléfono y llamó a la escuela. Con las palabras que pudo en inglés, explicó que ese no era el trato que su hijo merecía. Tuvo una reunión en la escuela. Recibió una disculpa por parte del personal escolar y el compromiso de orientar mejor al niño y de revisar la situación con la maestra involucrada.
Marianela reconoce que, aunque el idioma fue una barrera, su decisión de acercarse a la escuela fue determinante. A pesar del temor inicial, decidió involucrarse directamente en todos los aspectos educativos de su hijo. Asiste a reuniones escolares y se mantiene presente en cada etapa. “Siempre ha habido disposición de la escuela para ofrecer intérpretes y explicarnos lo que estaba pasando”, comenta. Para ella, ese contacto constante permitió que su hijo recibiera el apoyo que necesitaba y se adaptara mejor al entorno escolar.
“A veces los padres no preguntan o no reclaman no porque no quieran, sino porque no saben o les da miedo. Pero si uno se comunica, todo mejora”, agrega, resumiendo una idea que atraviesa la experiencia de muchas familias migrantes.
Aunque la historia de Marianela parezca aislada, no lo es. En el condado de Westchester, donde el 28.1% de la población se identifica como hispana o latina y cerca del 20% habla español en casa, el idioma continúa siendo una barrera silenciosa dentro del sistema educativo. Estas cifras forman parte del U.S. Census Bureau y el Westchester County Department of Health. A esto se suma que, según estimaciones basadas en datos del censo recopiladas por DataHood, alrededor del 12.4% de los residentes no habla inglés “muy bien”.
En este contexto, la participación de los padres se vuelve clave. Según el Pew Research Center, el 68% de los padres hispanos asiste a reuniones escolares o conferencias, aunque un 41% reconoce que quisiera involucrarse más. Esta diferencia evidencia que no se trata de falta de interés, sino de las barreras que enfrentan para acceder a estos espacios.
A pesar de estos desafíos, la participación familiar sigue siendo un factor determinante. Solo el 51% de los padres hispanos participa en actividades escolares, como eventos o voluntariado, una cifra menor en comparación con otros grupos, según el Pew Research Center. Sin embargo, estudios académicos han demostrado que cuando los padres se involucran activamente en la educación, el impacto en el rendimiento académico de los estudiantes puede ser incluso mayor que otros factores dentro del sistema educativo.

La presencia continua
Las barreras que supone el idioma en la cercanía de los padres con las aulas no terminan en la escuela elemental. Con el paso de los años, en los niveles superiores simplemente adoptan nuevas formas.
Jasmine Oliva, exestudiante de Peekskill High School, menciona que allí se da por hecho que el estudiante ya tuvo el “tiempo suficiente para aprender el idioma”. Se supone lo mismo de los padres. Sucede igual con el conocimiento del sistema en relación con reuniones, programas especiales o actividades. Pero esa teoría dista de lo que ocurre. Muchos padres no alcanzan un nivel de inglés que les permita ser autónomos en la interacción con las escuelas y recurren a la traducción de sus hijos. “Hay muchachos que toman ventaja porque los padres no saben inglés… mienten sobre lo que está pasando con las clases o las calificaciones”, comenta. Esta dinámica, advierte, puede alterar las relaciones dentro del hogar y complicar aún más la comunicación con la escuela.
Para Jasmine, esa interacción entre padres, estudiantes y la comunidad educativa juega un papel clave para romper las barreras idiomáticas, de acceso a la información y culturales.
En su caso, la participación de sus padres en su educación fue constante. Siempre estuvieron presentes en su proceso escolar, atentos a su desempeño y pendientes de su progreso académico. Su madre, que aprendió inglés tras llegar desde Latinoamérica cuando era una niña, asumió un rol activo en las tareas y reuniones escolares. Su padre, aunque con menos dominio del idioma, también se mantuvo involucrado en su educación. “Nosotros sabíamos que mi papá no hablaba bien inglés, entonces no le pedíamos ayuda con algunas tareas. Bueno, solo en matemáticas… porque eso es universal. Pero los dos estaban pendientes de que cumpliéramos”, dice.
Esta dinámica es común en el hogar. Según el Pew Research Center, 9 de cada 10 madres se comunican con los maestros sobre el progreso académico de sus hijos, frente a un 78% de los padres. En muchos casos, son ellas quienes asumen un rol más activo en la relación con la escuela, especialmente en familias donde el idioma representa un problema adicional.
Durante años, la participación de las familias latinas ha sido percibida como limitada dentro del sistema educativo. Sin embargo, investigaciones recientes del National Institutes of Health indican que muchas de estas familias sí están “profundamente involucradas” en la educación de sus hijos, aunque de formas distintas, como el acompañamiento en casa, la transmisión de valores o el apoyo emocional. Esto revela una desconexión entre cómo se mide la participación y cómo realmente se ejerce.

La comunidad como puente
Estudios recientes han señalado que la participación de padres inmigrantes tiende a aumentar en comunidades con mayor presencia latina, donde el acceso a la información y a redes de apoyo es más amplio. Esta diferencia ayuda a explicar por qué distritos como Peekskill, con una comunidad hispana significativa, pueden resultar más accesibles que otros como Mahopac.
El primero se ha consolidado como uno de los más accesibles para familias hispanohablantes en la región. Cuenta con programas bilingües y ofrece oportunidades de integración para familias migrantes. Estas iniciativas se replican en distritos como White Plains, Ossining, New Rochelle y Mamaroneck.
Gregorio Hernández ha experimentado ambas realidades: el acceso a estrategias y herramientas en español en Peekskill y un modelo más limitado en Mahopac.
Su hija, quien ahora cursa la secundaria, comenzó la escuela allí. Pocos hablaban español. Aun así, la familia se adaptó rápidamente y logró navegar el sistema escolar, manteniéndose siempre presente en la educación de su hija. Gregorio reconoce que hizo un esfuerzo consciente por aprender inglés lo antes posible.
Pero más allá del idioma, siempre ha mantenido una participación en la educación de su hija. Asiste a reuniones escolares, se mantiene informado sobre su desempeño académico y considera fundamental la comunicación constante con la escuela. En Peekskill, además, ha extendido ese compromiso a otros padres, ayudándolos a entender cómo funciona el sistema y cómo acceder a los recursos disponibles, especialmente durante el tiempo en que colaboró con el distrito como conductor de autobús escolar.
“Ahí te das cuenta de las verdaderas necesidades de los padres en cuanto a la información. La información está, pero la gente no sabe cómo llegar”, explica. En su experiencia, muchas familias no se involucran porque no saben cómo: enfrentan barreras desde lo más básico. “Hay padres que no saben leer ni escribir… ¿cómo van a llenar un formulario?”, cuestiona.
Las consecuencias son concretas. “Se les complica todo: inscribir a los hijos, el transporte, los programas después de la escuela”, señala. Y aunque existen personas dentro del sistema que pueden ayudar, no siempre es evidente cómo encontrarlas. “Tienes que saber a quién buscar”, añade.
Gregorio fue un puente para esas familias. Estaba abierto a responder las preguntas de los padres sobre cómo, dónde, cuándo y con quién podían obtener algún servicio. “Yo les decía: busca a tal persona, ve a tal oficina… porque entendía lo que se siente no saber. Cuando los padres ganan seguridad y entienden el sistema, ya no hay quien los detenga”, concluye.
Es así como entre reuniones, traducciones y esfuerzos individuales, la participación de los padres se convierte en un puente frágil. Uno que no siempre se cruza, aunque ambos lados lo necesiten.
Publicado el 23 de Abril de 2026
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