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¿Se puede vivir de tocar un cajón?

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Héctor “Jereto” Ferreyra lleva la cultura peruana a los centros educativos y cuenta la historia de un instrumento desarrollado a partir de las cajas de embalaje que llegaban a los puertos en la época colonial

Héctor “Jereto” Ferreyra, un peruano dedicado a la música, tocando instrumentos tan peculiares como los cajones de madera o la quijada de burro.

Vladimir Andrés Pedroza | New Jersey Hispano | Colaborador


Montclair, NJ

Cuando se habla de las profesiones que la mayoría de los padres prefieren para que sus hijos se forjen un futuro, salen a relucir las tradicionales carreras como la medicina, el derecho, la ingeniería (en todos sus tipos) o la arquitectura.


Algunas actividades artísticas generan incertidumbre, como la pintura, la música o la escultura. Pero la vida se encarga de recordarnos todos los días que se puede vivir de lo que amamos, así sea la cosa más extraña del mundo.

Sin embargo, si su hijo quiere desde pequeño “raspar una quijada de burro” o “golpear un cajón”, ¿estaría confiado de que con eso él podría enfrentar la vida?

-Aviso-

Es la historia de Héctor “Jereto” Ferreyra, un peruano que ha dedicado su existencia a la música, tocando instrumentos tan peculiares como los cajones de madera o la quijada de burro.

El cajón peruano y la cultura afroperuana hacen parte de la historia de América del Sur. Hablan de cómo la esclavitud llevó a los afrodescendientes a comunicarse de diferentes maneras para evitar los excesivos controles de los terratenientes blancos; de cómo esta población hizo lo imposible para preservar sus raíces a kilómetros de distancia de su natal África.

Preservando la historia

Héctor “Jereto” Ferreyra, dictando clases de cajón en la Universidad de Montclair.

“Cuando ven este instrumento, quizás piensen que es solo una caja de madera. Pero para nosotros, los afroperuanos, el cajón es mucho más que eso. Es un símbolo de nuestra historia, nuestra cultura y nuestra identidad”.  Así comienza sus conferencias Héctor Ferreyra en cada una de las universidades que visita, llevando consigo un pedazo de la historia del país de los incas para promover lo que se ha hecho culturalmente en su país.

Anécdotas hay muchas sobre cómo y dónde nacen los objetos que han servido a parte de la historia. Una de las más contadas sobre el cajón dice que, en los puertos del Perú colonial, a los africanos esclavizados se les prohibía tocar tambores porque eran vistos como peligrosos (por la comunicación que podían generar entre comunidades).

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En sus primeros años, durante la época colonial, los africanos y sus descendientes en el Perú enfrentaron las dificultades propias de la represión que se vivió en la esclavitud. Encontrar formas creativas de mantener viva su música y sus tradiciones fue todo un reto que, de salir mal, les podía costar la vida.

Entonces empezaron a usar lo que tenían a mano: cajas de transporte de frutas, madera de embarque y muebles viejos. Lo curioso es que algunos cronistas cuentan que, al principio, los colonizadores no le dieron importancia, hasta que se dieron cuenta de que esas “cajas” estaban produciendo ritmos complejos que imitaban patrones africanos de percusión. Con el tiempo, el cajón pasó de ser un objeto improvisado a un símbolo central de la música afroperuana.

Utilizando las cajas de madera que encontraban en los puertos, mercados y almacenes, comenzaron a crear ritmos que con el tiempo dieron origen al cajón peruano.

Gracias a su creatividad y resistencia, nació uno de los instrumentos más importantes del Perú. Cada golpe en el cajón cuenta una historia de lucha, esperanza y celebración.

“Como afrodescendiente peruano, siento una conexión muy especial con este instrumento. Cuando lo toco, no solo estoy haciendo música; también estoy honrando a mis antepasados y compartiendo una tradición que ha pasado de generación en generación”, afirma Héctor.

El cajón acompaña muchos ritmos afroperuanos, como el festejo y el landó. También se toca junto a otros instrumentos tradicionales como la quijada de burro y la cajita peruana, que forman parte de la riqueza musical de la cultura de ese bello país enclavado en el corazón de América del Sur.

“Una de las razones por las que me gusta enseñar el cajón es porque nos ayuda a aprender mucho más que música. Nos enseña coordinación, creatividad, trabajo en equipo y, sobre todo, nos permite conocer una parte importante de la historia del Perú y el valioso aporte de la comunidad afroperuana”, aclara.

Más que festejo y landó

En los inicios de su exploración musical, el famoso Paco de Lucía escuchó el instrumento y lo llevó a ser parte del flamenco. Su recorrido lo hizo conocido en Europa y varios países de Asia. Hoy se puede afirmar con certeza que el cajón peruano es conocido en todo el mundo y se ha integrado a géneros como el jazz, el blues y la música latina, demostrando cómo una tradición nacida en el Perú puede unir a personas de diferentes culturas.

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“Cuando toco el cajón, siento que estoy contando una historia sin palabras. Una historia de raíces africanas y peruanas que siguen vivas a través de la música”, afirma Ferreyra.

El cajón peruano es, básicamente, un instrumento de percusión de madera curada y procesada, construido con detalles de temple que lo hacen más sonoro. El músico se sienta sobre él y lo toca con las manos, llevando el ritmo como lo hacen quienes tocan timbales, congas o bongós. La madera se trabaja de manera especial para crear esa resonancia característica, y los diferentes tamaños generan sonidos más agudos o graves según el golpeteo de la palma.

Se utiliza en géneros afroperuanos como el festejo, landó, zamacueca y panalivio. También se usa en flamenco, jazz, música latina y otros estilos alrededor del mundo.

Cajón y quijada

Para Héctor, el cajón representa la creatividad, la resistencia y la identidad de la comunidad afroperuana, pero también ha sido su forma de ganarse la vida.

“Desde que tenía tres años asistía a fiestas con mis padres y pedía que me dejaran tocar el cajón. Insistía y molestaba hasta que me dejaban tocar con el grupo. Era algo sensacional, me sentía feliz”, cuenta Ferreyra con algo de alegría nostálgica.

“Hoy en día doy clases del instrumento, dicto charlas, enseño parte de la cultura de mi país y voy a conciertos con diferentes grupos que me invitan, no solo a tocar el cajón sino también la quijada de burro, los bongós, los tambores… todo lo que sea percusión ha hecho parte de mi vida y con ello he subsistido”, cuenta Héctor Ferreyra, mejor conocido como “Jereto” entre la comunidad musical.

Con el cajón, la quijada de burro, la cajita peruana y las congas o tambores utilizados en distintos estilos musicales, Héctor ha logrado acompañar a músicos tan importantes como Nicomedes Santa Cruz, Victoria Santa Cruz y Eva Ayllón.

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Sobre la quijada de burro también hay varias anécdotas: cuando el animal moría, la mandíbula se dejaba secar hasta que los dientes quedaban flojos. Al golpearla o rasparla, los dientes vibraban dentro del hueso seco produciendo un sonido de “cascabeleo” muy particular. Lo interesante es que en algunas zonas rurales se decía que este instrumento “imitaba el sonido de la naturaleza”: la lluvia, los pasos o incluso el trote de caballos. En fiestas tradicionales, la quijada era usada como instrumento rítmico, pero también como elemento de “llamada” para iniciar danzas.

“Vivo de la música. Soy productor. Y lo que más me gusta del cajón y de la quijada es que me conectan con mis raíces afroperuanas. Cada ritmo cuenta una historia y me permite compartir mi cultura con otras personas. Quiero preservar y compartir esta tradición. Como afrodescendiente, me siento orgulloso de mostrar la historia, la música y el legado de mi comunidad”, agrega.

El percusionista Ferreyra, tocando la ‘quijada de burro’, un instrumento de percusión del género afroperuano.

Una especie de herencia

Hoy en día su labor musical se desarrolla en bibliotecas, universidades y centros educativos. La idea es motivar a los jóvenes para que continúen usando estos instrumentos y se prolongue la herencia afrodescendiente del Perú.

“Los más chicos pueden aprender ritmo, coordinación, trabajo en equipo, creatividad y también conocer una parte importante de la historia y cultura de mi país”, afirma.

Un detalle bonito es que ambos instrumentos comparten algo clave: nacieron de la necesidad y la creatividad bajo condiciones difíciles, y terminaron convirtiéndose en pilares de la identidad musical afroperuana.


Publicado el 17 de junio de 2026


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